21 Abril 2015.

20 de Abril. Año 2015. Hora 15:00. ¿ Qué pones dentro de la maleta de un bebé que va a pasar interminables horas en un quirófano y dias infinitos en una habitación de UCI ? Miras a tu alrededor y solo coges lo único que le va a hacer sentir bien. Su osito Giulia.Ella no necesita más. No necesita pijamas, ni pañales, ni colonia. Solo su osito. 

Papá y mamá no podrán estar físicamente con ella, pero su osito si. 
Llega el momento. Después de estar 22 meses entrando y saliendo del hospital, nunca habíamos llegado tan agobiados, estresados y nerviosos. Mañana sería el segundo día más importante del resto de nuestras vidas. Palito de Coco va a dejar de sufrir. De no dormir por los picores. De vivir rascándose continuamente. De dejar los mil y un medicamentos que condicionan sus horarios de juego y diversión. Va a tener un hígado nuevo 

Nos instalamos en la habitación. Entran enfermeras, auxiliares, médicos. Firmamos papeles y más papeles. Te explican una y otra vez lo mismo…. Necesito respirar. Coger aire y abrazar a Palito. 

Entonces aparece ella. Sonriente. Fue muy poco lo que duró su visita. Estaba nerviosa, cansada y muy feliz. Iba a hacer algo que pocos se atreven. 

Marcará su vida y su cuerpo por salvar a Palito. Erika es de pocas palabras. No hacen falta. Su valentía lo dice todo. 

Un bebé de 22 meses lucha por vivir y una mujer de 35 años lucha para que viva. 

Papá de Palito de Coco está muy orgulloso de su hermana y con el corazón partido en dos. 

En dos lugares a la vez Dos quirófanos, dos equipos de grandes profesionales, dos vidas y miles de minutos por delante. 

La noche interminable. Llegan las 07h del 21 de Abril y toca bañar a Palito. Cafés para papá y mamá 

A las 08h Erika es la primera en entrar a quirófano. La espera hasta las 09h es larga, muy larga. 

No puedes pensar, no puedes hablar, no puedes respirar. 

María entra en quirófano con su Giulia y millones de besos y abrazos de papá y mamá y tras explicarnos y remarcar todo el proceso, quedamos en que nos irían informando cada 3 horas.  

Un abrazo de su médico, reconforta. Millones de mensajes de cientos de personas, estremecen el alma. María no está sola. Erika está en nuestras mentes y nosotros con millones de sensaciones y sentimientos a punto de estallar. 

Mientras esperamos a las 12 en punto y tras saber que la cirugía de Erika va viento en popa, decidimos ir a donar sangre. 

“Quizás unos cuantos mililitros menos en nuestro cuerpo nos haga relajarnos “. Eso es fue lo que pensamos y así hicimos 

Nada. No había manera 

Nuestra mente estaba en los dos quirófanos y nuestro corazón con Palito de Coco. Nuestra pequeña iba a cambiar su calidad de vida para siempre. 

A las 12 en punto sus médicos, cirujanos y enfermera gestora, salen a informarnos. Va todo lento, muy lento porque es muy pequeña y no es fácil. No importa. Una vez llegados a este punto, no nos importa esperar. Tras 22 meses de dura lucha, días de hospital, noches de UCI con olor a guantes y mascarillas, no importa esa lentitud. 

Erika va mejor. Ha sido mucho más “fácil” y están avanzando más deprisa que con María. 

Quedamos a las 16h para poder comer “tranquilamente” en casa. 

Llegamos a la puerta de quirófano.

De repente pasa uno de sus hepatólogos cabizbajo, deprisa y sin mirarnos. El sexto sentido de mamá dice que algo no va bien. 

Nos llaman. Y nos encontramos a las mismas caras que hace unas horas pero con distinto rostro. 

La respiración se corta, las miradas se cruzan y nos confirman los malos presentimientos. 

De repente María ha empezado a tener taquicardias y la fiebre le ha subido muchísimo. Están en un punto en que pueden parar toda la cirugía, “arreglar” su corazón e intentarlo de nuevo otro día. Hay que esperar un poco para ver qué deciden 

Te lo sueltan así. En frío y sin rodeos. 

Papá y mamá no pestañean, no dan crédito a lo que oyen, no entienden las palabras. Solo observan los gestos 

Hay que esperar. 

¿ Y Erika ? Ella está a un milímetro de acabar de desprender la porción que necesita María. ¿ Cómo ? ¿ Pero corre peligro ? Es lo que pregunta papá. 

No, ella está perfectamente y pueden esperar en quirófano hasta que María responda. 

Salimos de la sala y te vienes abajo. Ni el abrazo de papá te consuela. Ni el apoyo de mamá te alivia. Solo quieres verla, abrazarla, sentir su olor. Pero está la espera, la maldita espera. 

No sé cuantos minutos pasaron, ni siquiera si fueron horas. Volvimos a la sala y nada más ver a sus médicos, la presión del estomago disminuyó y la sangre volvía a su sitio. 

Con una sonrisa cautelosa nos dijeron que todo iba para adelante. Que habían podido controlar la fiebre y las taquicardias y en breve recibían parte del hígado de Erika para ponérselo a María. 

No necesitábamos café. Eso fue un chute de adrenalina en vena y directa al cerebro. 

Tres horas más de espera para el siguiente informe. 180 minutos eternos e inciertos. 

“Tranquilos papis, que todo está yendo estupendamente” Palabras que no relajan pero reconfortan. 

Erika ya está en post operados y ya podemos verla. ¡YA! 

Lógicamente estaba muy débil y apenas hablaba, aunque su primera pregunta fue “¿ cómo está la niña ?” 

A mí no me salían las palabras, no podía expresar lo que mi mente procesaba, no podía controlar mis pulsaciones para intentar decirle lo grande que era y lo grande que es. 

La visita duró poco. A partir de ahora nuestras energías estaban puestas en lo que estaba ocurriendo en él área infantil. 

Las 21, 22h Todo iba bien. A las 23h nos dicen que están a punto de acabar y que falta ver cómo funciona “las conexiones” entre intestino e hígado. 

Estamos cansados, muy cansados pero con energías suficientes como para aguantar más horas de espera. 

POR FIN a la 01 de la madrugada salen de quirófano con ella en la camilla. Los ojos rojos, la expresión agotada y el rostro cansado de su cirujano, lo dicen todo. Ha sido largo, duro y muy difícil. Pero ahí está. María va camino de la UCI para recuperarse. 

¿ Y qué haces en ese momento ? Antes de intentar no desfallecer, sonríes, escuchas todo tipo de explicaciones e indicaciones y te sientas a esperar. Esperar, esperar y seguir esperando dos largas horas más. 

A las 03 de la mañana entramos en la habitación de la UCI donde pasará unos días más Palito de Coco.

No puedes abrazarla lo que te gustaría. Solo la tocas, la miras. No sabes si reír, llorar, gritar o un millón de cosas más. 

Mientras sujetas su mano, sientes un gran abrazo de papá. Estamos los tres, no hay nadie más. Es un momento único. Es nuestro segundo momento único. 

Nos sugieren que vayamos a descansar. El día ya ha acabado y el mañana está cerca. 

María duerme tranquila. Empieza su nueva vida. Nuestra nueva vida. 

Sin ti, el camino de María hubiera sido más largo, más lento y más duro. 

Tú lo hiciste posible. Devolviste la energía y la calidad de vida a Palito de Coco y a sus papás. Ella dejó de dormir en su mochila y nosotros de recorrer cientos de metros intentando aliviar su picor, mientras intentaba descansar. 

El 21 de Abril de 2015 fue el primer buen día del resto de su vida. 

Gracias a ti y por supuesto, gracias a TODO el equipo médico de adultos e infantil. ( Eso ya en otro post ) 

¿ Y qué decir de tantas, tantas y tantas personas que estuvieron minuto a minuto pendientes ? 

No tenemos palabras para describir lo que sentimos en esos momentos y en los que le siguieron 

Hoy, un año después, solo podemos decir:

GRACIAS

 

   

10 comentarios en “21 Abril 2015.

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