Maldito 2 de julio

Hasta ahora,  ha sido el post que más me ha costado escribir. Cada vez que tecleaba una frase, me salían mil y un sentimientos, mil y un porqués y  tenía que parar para secarme las lágrimas y borrarla para volver a escribir y volver a borrar.

Pero llega un momento en el que te planteas la opción de dejar de lado la tecla Supr y seguir escribiendo. Porque lo que pasó aquel día se puede borrar del papel ( en este caso de la pantalla) pero no de tu mente ni de tu corazón. Así que no se puede luchar ante ello….
Desde qué salimos del pediatra hasta que llegamos a urgencias del hospital, me pasaron millones de cosas por la cabeza.

Primero mente en blanco como sí no pasara nada, pero a medida que íbamos caminando hacia casa a coger alguna cosa y a avisar a mi madre ( por aquella fecha aún estaba con nosotros, días más tarde se tuvo que ir a Barcarrota) , un cúmulo de pensamientos  se agolparon en mi cabeza de repente.

Preguntas, preguntas y más preguntas.

Todo era nuevo para nosotros. Nunca habíamos estado en ese sitio en el que unos padres jamás piensan que van a estar. Nos preguntaban cosas que jamás habíamos escuchado.

Ese maldito 2 de Julio empezó nuestra pesadilla y el milagro de vez crecer a María, pero hasta hace muy pocos días, de esto último no nos hemos dado cuenta.

Como he comentado en algunos posts anteriores, cuando llegamos a urgencias y nos dijeron que ya nos estaban esperando, se nos descolocó a papi y a mi la cara.

Al pasar a la consulta donde te hacen un sondeo para obtener la mayor información posible, nuestras caras seguían siendo un poema. ” ¿qué les digo yo si ni siquiera nos ha dado tiempo a recibir la tarjeta sanitaria?”

Tras pasar rápidamente por un tercer grado, nos acompañaron a un box al dado de una sala que pone “sala de reanimación”. Obviamente ni vimos el nombre.

Cada médico que entraba a hacernos más y más preguntas, se iba presentando y en mi cabeza sólo había una frase, ¡¡ ” qué le pasa a mi bebé!!, me da igual cómo te llames, con todo el respeto del mundo.

¿ Cuantos minutos pudieron pasar hasta que nos vinieron a informar de todo los que estaba sucediendo? A mi se me paró el reloj a las 17:00 y cuando volví a mirarlo eran las 03h de la madrugada.

Escuchar la frase ” María está muy mal, está muy grave y vamos a intentar estabilizarla” se me clavó en el corazón para siempre. Mi mente se bloqueó, mi cuerpo no reaccionaba. Sólo escuchaba un pitido agudo y un sudor frío empezó a recorrer mi frente.

Sólo noté que apretaban mi mano y me abrazaban con una fuerza increíble

Pero eso no fue nada más que el principio.

Tras explicarnos que María tenia un shock multiorgánico ( Dios! de qué me habla este hombre!!!) y que la iban a ingresar en UCI, nos preguntaron si queríamos verla antes de trasladarla.

Obviamente dijimos que sí, pero a día de hoy hubiera preferido no haberlo hecho.

Ver su cabecita casi tapada por una venda, sus ojos cerrados, que de su nariz y boquita salían dos enormes tubos y prácticamente todo su cuerpo lleno de cables y vías…. esa imagen se queda tatuada en la retina de por vida.

Desde ese momento hasta que no nos acompañaron a la sala donde la tenían, no recuerdo qué pasó. Así, sin más.

Cada rostro y mirada que se cruzaba en mi camino, decía más que todas las explicaciones que nos iban dando. Mi cerebro no procesaba nada y mi vista se iba nublando a cada paso que dábamos para volver a verla.

No recuerdo la imagen de la habitación de UCI, no recuerdo quienes estuvieron con nosotros, no recuerdo cuántos papeles firmé, no recuerdo las voces que nos hablaban. Sólo recuerdo el inmenso dolor que sentía, la mano que no soltaba la mía, el brazo  donde me apoyé varias veces, las lágrimas de la persona más fuerte que conozco, el frío que recorría mi cuerpo.

Nos hablaban de transfusiones de sangre, de medicamentos, de pruebas, de posibles diagnósticos… ¿estaban hablando mi idioma? Todo lo que nos decían escapaba a mi lógica.

Después del primer jarrón de agua fría, una enfermera nos explicó que debíamos irnos a descansar. Que allí podíamos estar las 24 horas con ella pero que teníamos que descansar e intentar procesar todo lo que acababa de suceder.

Así lo hicimos. Nos fuimos a casa a las 03h.

Pero no contaba con una cosa. Abrir la puerta y que el olor a bebé te impregne tu cabeza. Ver un paquete de toallitas en la mesa, mirar un pijama en el cesto de la ropa y observar una cuna vacía al lado de t cama…..no, con eso no contaba.

Eso jamás lo había imaginado, eso nunca te lo han explicado, eso no se lo has escuchado decir a nadie.

Nuestra bebé de 28 días estaba sola en una fría habitación del hospital. No tenía a su papi y a su mami al lado. No tenía su pijama puesto. No tenía su osito lila. No tenía una mano que le acariciase su cabecita para tranquilizarla.

Sencillamente estaba sola luchando por sobrevivir

hospital-materno-infantil-vall-dhebron-barcelona

6 comentarios en “Maldito 2 de julio

  1. He imaginado muchas veces tu historia, he tratado de ponerme en tu piel, y cada vez que lo hago las lagrimas brotan solas. Menos mal que se como acaba, y también se lo que habéis luchado y lo que os queda por luchar, pero también se toooooodo lo que os queda por vivir y disfrutar! Besos a palito de coco y a ti un abrazo enorme!

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  2. Pufffff… La piel de gallina… No puedo ni imaginar como seria pasar por algo asi…. Imposible…. Gracias mama de palito de coco por compartirlo y darnos cuenta de lo importante q es vivir cada segundo d nuestra vida… Despues de haber sufrido tanto… Ahora hay q disfrutar!

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